
El fútbol sin asado sería como una vida sin cumpleaños. Para los planteles profesionales, cuyos integrantes viven en regímenes alimentarios especiales y muy controlados, el asado es un ritual festivo, una marca de identidad. Pero no es fácil organizarlos cuando se trata de giras, viajes o concentraciones en el extranjero. Sin embargo, siempre hay asados de selección, con más de un encargado de la logística para que la carne argentina sea parte de las delegaciones. Si existe “la diplomacia del fútbol”, que practican los líderes políticos invitando a jugar partidos informales a sus pares, también existe la política de los asados en el fútbol. Es un momento de confraternidad y unidad, en que los profesionales se convierten en comensales y compañeros. Nunca hay mucho pan ni demasiadas gaseosas, casi nunca se permite el alcohol o los embutidos, pero el sentido es otro. Dos de las formas centrales de la argentinidad, combinadas en una rueda mágica que funciona desde el principio de los tiempos. Para los argentinos, comer es también una forma de festejo, y eso pasa en pocas culturas en el mundo.
Significado oracular
La carne nos lleva a lo nutritivo, una pausa diferente para dar lugar a lo que verdaderamente importa: el rito compartido, la amistad, la tradición. Las costumbres se hacen carne, valga la redundancia, y nos muestran camaradería y compañerismo. En una tirada nos llaman a parar un poco y dedicarnos a disfrutar y honrar los buenos momentos compartidos, estemos cerca o lejos, con amigos o en familia. Es una fiesta que sin desmadre ni pasarse de la línea, con mesura, controlada, que se transforma en un rito.
Resignifica los lazos y fomenta también el espíritu de equipo dentro y fuera de la cancha, para jugadores y no jugadores.
Palabras clave: Nutrición. Momentos compartidos. Simpleza. Mesura.
Camaradería. Compañerismo. Amistad. Equipo. Disfrute.








