
En una jornada maratónica que se extendió hasta las 8 de la mañana del día siguiente, Diego Maradona y Claudia Villafañe se casaron el 7 de noviembre de 1989 ante la ley argentina y por la Iglesia Católica en la Basílica del Santísimo Sacramento, y luego celebró ante una multitud de invitados en el estadio Luna Park en la fiesta que para Guillermo Cóppola fue “la mejor de todos los tiempos”.
La novia tenía un vestido que pesaba ocho kilos y costaba 30 mil dólares. La RAI pagó 4 millones de dólares por la exclusividad de los derechos de transmisión, de los cuales Diego invirtió medio millón en un vuelo chárter que trajo 250 personas desde Italia, incluidos sus compañeros del Napoli. Entre docenas de detalles plebeyos, uno inolvidable: la parada previa de Diego y su círculo íntimo, rumbo al Luna Park, en una famosa pizzería de la Avenida Corrientes.
El menú incluyó canapés de caviar, salmón ahumado, trucha, jamón serrano, pavita, lechón, centolla, langostinos, palmitos y una mesa de quesos. Hubo 400 litros de vino blanco, 500 de vino tinto, 900 litros de champagne y mil litros de gaseosas servidos por 140 mozos. Todo fue fastuoso y excesivo, “a lo Maradona”, como correspondía al hombre que por entonces era el rey del fútbol mundial.
Significado oracular
Todo lo vivido cobra sentido. La carta indica una celebración al mejor estilo “a mi manera”, donde todo está pensado en función del festejo, y donde cada acción, detalle o gesto que tuvimos con el afuera nos retorna con creces.
Es la coronación y premio de quien es fiel al estilo propio, a la manera personal, caiga quien caiga y contra viento y marea.
La carta nos habla al mismo tiempo de la unión amorosa ante la sociedad, y la capacidad para disfrutarlo en un marco inolvidable que le hace justicia.
Protagonistas o invitados: ¿quién podría resistirse a semejante festejo?
Palabras clave: Fiesta. Celebración. Estilo propio. Amor. Premio. Derroche.
Banquete.