
A los 28 minutos del segundo tiempo, Leopoldo Jacinto Luque recibió un pase de Osvaldo Ardiles, levantó la pelota y sacó un derechazo tremendo que ingresó por el ángulo izquierdo del arco de Francia. Con ese gol Argentina ganó 2 a 1 y se aseguró la clasificación para la segunda ronda del Mundial 1978. Sin embargo, aquel martes 6 de junio de 1978, el delantero comenzaba a transitar una pesadilla. Esa misma mañana, su hermano Oscar, de 25 años, había muerto en un accidente automovilístico cuando viajaba de Santa Fe a Capital Federal para ver el partido.
Un rato antes del silbatazo final se cruzó con el defensor Christian López y lo pagó caro: una luxación en el codo. “Me bajaron por la escalera del túnel, el doctor Oliva me puso anestesia porque tenía un dolor impresionante y me acomodaron el codo, me hicieron un vendaje, me pusieron el brazo en cabestrillo y me mandaron para el vestuario. Pero hice dos pasos para la derecha, me acordé de mi familia, y cambié de rumbo e ingresé al campo, porque el Flaco ya había hecho los dos cambios y no podíamos quedarnos con 10”. Luque se enteró de la muerte del hermano después del cotejo y fue licenciado unos días para recuperarse. Reapareció ante Brasil, le hizo dos goles a Perú y jugó un partidazo en la final ante Holanda. Terminó la final con la camiseta manchada de sangre. Sangre de campeón.
Significado oracular
Esta carta simboliza el linaje, la lucha por el honor y el homenaje a los valores, tanto de lo social como de lo familiar. La sangre es vida, es lo que circula para que podamos respirar. Esta carta simboliza un verdadero compromiso con la vida, con las convicciones, con la capacidad para enfrentar el dolor y apegarnos a nuestros objetivos entregando todo lo que tenemos. El mayor esfuerzo.
Palabras clave: Pasión. Convicción. Pura sangre. Triunfo. Familia. Sobreponerse. Amor. ADN. Confianza.