
Diez son los mandamientos de la religión católica, heredados de la tradición hebrea. Es la cantidad de dedos que suman ambas manos. Es un número basal en la matemática y la geometría. Es la máxima calificación en el modo tradicional de concebir la educación en la Argentina, la nota más alta.
En el fútbol argentino, quiso el azar, o no, que el 10 sea el número que llevan en la camiseta los grandes ídolos, los superdotados que ocuparon y ocupan el puesto de volante ofensivo en equipos inolvidables.
Con el 10 en la espalda o sin él, en el léxico argentino “jugar de 10” significa dos cosas. La primera es ocupar el puesto de mediocampista ofensivo por izquierda.
La segunda, la responsabilidad de enamorar a la tribuna rindiendo al máximo posible. Los profesionales coinciden en que es el número que “más pesa” a los jugadores a la hora de salir a la cancha. También suele ser el que más brilla, el responsable del desequilibrio y la fantasía.
Argentina ha sido pródiga en grandes jugadores que llevaron “la 10” en sus
espaldas. En la selección, con la magia de sus piernas izquierdas, su entrega,
su talento y liderazgo, tres números “10” nos llevaron hasta la cima del mundo.
En orden cronológico: Mario Kempes, Diego Maradona y Lionel Messi.
Significado oracular
Además de su potencia, el diez rige el sistema decimal que, entre otros sistemas simbólicos, organiza el Tarot. Allí representa a La Rueda de la Fortuna, la carta que girada por una manivela, mueve las fuerzas misteriosas del destino. Pero además, el número es reductible a 1, el número de El Mago. Y no es casual que el 10, en la cancha y como lugar simbólico, siempre sea aquel que tiene la posibilidad de hacer cambiar el devenir de un partido, en la cancha o en la vida.
Palabras clave: Tope de gama. Responsabilidad. Idolatría. Crack. Credibilidad. Talento natural. Pleitesía.