
Los primeros partidos en un Mundial de fútbol no son fáciles. En general, son una prueba de fuego, un testeo que muestra que la competencia en serio no se parece en nada a los cotejos amistosos.
Argentina perdió su primer partido en los Mundiales de Italia 1934 (3 a 2 frente a Suecia), Suecia 1958 (3 a 1 ante Alemania Occidental), Alemania 1974 (3 a 2 con Polonia), España 1982 (1 a 0 con Bélgica) Italia 1990 (1 a 0 frente a Camerún) y Qatar 2022 (2 a 1 ante Arabia Saudita).
De todas esas derrotas, la última resulta la más sorprendente porque fue ante un rival muy débil, que luego perdió sus dos siguientes partidos y quedó rápidamente eliminado, y porque el trámite del partido fue de lo más extraño.
Pero lo más llamativo es que la caída fortificó el ánimo del plantel argentino, convirtiendo una dura derrota en un mero tropezón. Las alarmas que sonaron al concluir ese partido no hicieron otra cosa que tocarle el amor propio a un equipo que terminó siendo campeón. Una especie de lección de vida, tras el incendio inicial.
Significado oracular
Bajo la apariencia de una rotunda tragedia o fracaso, “el incendio” nos señala que lo que no nos mata nos hace más fuertes. La caída en el primer partido en Qatar, contra un equipo más débil, fue el aliciente que logró templar el ánimo del equipo argentino y reclamar revancha, inyectando un aluvión de pasión y aliento colectivo a la sociedad argentina para con los jugadores.
En una tirada, nos muestra que lo que parece un golpe definitivo no siempre es así, y que puede ser una oportunidad para renovar votos y creencias. Y fortalecernos. Nos invita a confiar. Nos recuerda el poema de Almafuerte: “No te des por vencido ni aún vencido…”.
Palabras clave: Caída y levantada. Shock. Cimbronazo. Quedar contra las cuerdas. Animarse. Confiar.